Desde los inicios de mi práctica artística, he desarrollado una serie de trabajos autobiográficos que exploran mi experiencia como hijo de dirigentes del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, en el marco de la violencia y la represión que afectaron al Perú en las décadas de los ochenta y noventa. Esta experiencia vital me permite explorar críticamente las nociones de ciudadanía, raza, clase social, nación, lo privado, lo público, la memoria, el olvido, lo proscrito, lo permitido, lo propio y lo ajeno. En mis trabajos recientes, si bien parecen no desprenderse de la premisa antes mencionada, son una extensión de mi existencia en el presente, en donde el viaje a Europa me permite pensar la migración no blanca como sinónimo de cuerpos prescindibles, sin nación ni derechos, misma situación que experimentan las familias cuyos miembros militaron en los grupos alzados en armas y derrotados por la dictadura de Alberto Fujimori en Perú.
De otro lado, la factura precaria de mi trabajos permite producir sentido fuera del aspecto formal de cada proyecto, generando así una aproximación dislocada en los márgenes de lo que entendemos como “obra de arte”.